Thursday, January 05, 2006

Daniel Pennac

Me han pedido a menudo algunos consejos simples que puedan ayudar a los padres y a los maestros a encontrar un camino entre tanta profusión, a elegir "buenos libros" para sus niños, es decir, si es que entiendo bien lo que me piden, libros que les proporcionen a la vez placer y provecho, y que los estimulen a seguir leyendo. Es, en cierto modo, un pedido de garantías. Pero ¿por qué no?
Con todo, quiero que quede claro que en esto voy a utilizar más bien mi experiencia como padre y como abuelo que mi trabajo como investigador. Y es ésa la razón por la cual empleo la primera persona del plural, incluyéndome entre los destinatarios de estos consejos. No son para uso externo. Elegir los libros para nuestros chicos o ayudarlos a que puedan elegir sus propios libros es un acto importante. Un acto que nos cuestiona.

PRIMER PREÁMBULO

Comencemos por interrogarnos nosotros mismos. El niño suele imitar lo que realmente somos y no lo que creemos ser o lo que queremos parecer. ¿Qué credibilidad puede tener nuestro consejo de que lean si nosotros mismos no somos lectores?

SEGUNDO PREÁMBULO

Los padres analfabetos funcionales o "malos lectores", que abundan mucho en esta época, no tienen por qué disimular esa carencia frente a sus hijos. Por lo general, se benefician de otra cultura, tan prestigiosa como la de la imprenta, la cultura de tradición oral. Pueden y deben transmitírsela a sus hijos; y luego, habiendo tomado conciencia de su dignidad, hacer el intento, sin sentirse humillados, de acceder al mismo tiempo que sus hijos al universo de lo escrito, que es cada vez más necesario en nuestros días para evitar la desocupación y la exclusión.

TERCER PREÁMBULO

Tal como ha dicho magníficamente Daniel Pennac, el verbo leer no se conjuga en el imperativo.* Y, podríamos agregar: tampoco el verbo amar. De modo que evitemos decirles a nuestros hijos: "No estás leyendo lo suficiente" o "Te conviene leer" o "Lee esto o esto otro". Más bien dejemos que revuelvan los estantes de nuestra biblioteca o los mostradores de las librerías. Son ellos los que tendrán que descubrir los libros que habrán de amar.

CUARTO PREÁMBULO

No ovidemos jamás que, para un bebé, el libro no es sino un objeto entre otros y que nos corresponde a nosotros, padres y educadores, hacerle comprender que se trata de un objeto excepcional, que es capaz de dar miedo y de tranquilizar al mismo tiempo. Nos corresponde a nosostros permitir ese primer contacto acariciante y reconfortante, imprengándolo de nuestro calor y nuestra ternura. Lo ideal es transformar los primeros libros en "objetos transicionales", ponerlos a competir con las muñecas y los osos de peluche.
* Daniel Pennac, Comme un roman, Paris, Gallimard, 1992. En español, Como una novela, Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1993.
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1 Comments:

At 12:59 AM, Anonymous Anonymous said...

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